Las palabras están enraizadas a una historia; están relacionadas con representaciones que que se escapan, muy a menudo, a la conciencia de los locutores, pero que influyen en nuestras emociones. Hay palabra suaves, palabras que sirven para calmar el corazón y otras que hieren. Hay palabras que emocionan a un pueblo y cambian el mundo. Y hay, por otro lado, palabras que son veneno, palabras que se infiltran en la sangre como una droga, pervienten el deseo y oscurecen el juicio. "Desarrollo" es una de esas palabras tóxicas.
Serge Latouche, Sobrevivir al desarrollo
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