La belleza se esconde colgada,
en una hamaca,
de tragos fugaces.
Los labios se encuentran
con lenguas dormidas,
jugando a ser amantes,
jugando a ser niños,
felices y juntos.
Esperan ausentes,
el amanecer,
que los retornara al mundo.
Una fotografia,
se pinta, en sepia
donde las almas duermen,
balaceadas perfectas,
por el juego de amar.
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