Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él.
La sombra del viento.

jueves, 8 de mayo de 2014

Mayo terminó en lunes.

Mayo terminó en lunes,
cruel y fria tristeza
de un enero inesperado.
Resuenan las saetas
de dolor, que encomiendan
al señor de las penas
su sentimiento trabado.
cuando ayer fue eterna,
y hoy despierto callado,
mientras lo pasos recuerdan:
siempre el rio vuelve a su cauce,
tras tocar a las estrellas.
Estrellas de azahar,
que ayer anunciaban primavera,
y que en la blanca nieve,
lloran hoy por ella.
Que efimero fue el pasado,
con regusto a leyenda,
que largo se viene
un presente, de tristeza.
Que daria yo, por
contemplar tu belleza,
y ver en tus ojos,
tu mirada, desatenta,
que ayer me hizo soñar
y hoy enmarca mi pena.

La muerte de Dios

De llanto e incienso,
recubren las piedras,
las virgenes de Dios,
que el hombre lleva.
Al son de tambores,
y lamentos de trompeta,
por los viejos balcones
oxidados, nacen saetas,
para llegar a morir,
entre antiguas rejas,
de faroles encendidos,
y claras lunas negras.

Las esquinas de la iglesia,
deformes, rezuman pena
pena rezuman deformes,
de esta iglesia enferma.
Moribundo esta Dios,
en su cruz se encuentra
bocabajo enclavado,
con una paloma muerta.

Solloza la Dolorosa,
su hijo se bambolea,
en hombros de oprimidos,
que no buscan escaleras.
Llora, llora, Madre mía
sagrada, hija de Eva
que la costilla de Adán,
la quieren con lustre y nueva.
Huye, Huye, Padre mío,
que la luna te acecha,
con manto de piel humana,
y manos de dagas cruentas.
Hijo suyo, hermano mío,
de tu amor hicieron guerra,
de tu iglesia catedral,
se alejaron de tu vera.

Los callejones retumban,
de asesinos repletas,
viendo el muerto desfilar,
en sepulcro de madera.
Las negras mantillas lloran,
los sordos niños juegan,
Dios ha muerto,
y el Domingo seguirá la pena.