De llanto e incienso,
recubren las piedras,
las virgenes de Dios,
que el hombre lleva.
Al son de tambores,
y lamentos de trompeta,
por los viejos balcones
oxidados, nacen saetas,
para llegar a morir,
entre antiguas rejas,
de faroles encendidos,
y claras lunas negras.
Las esquinas de la iglesia,
deformes, rezuman pena
pena rezuman deformes,
de esta iglesia enferma.
Moribundo esta Dios,
en su cruz se encuentra
bocabajo enclavado,
con una paloma muerta.
Solloza la Dolorosa,
su hijo se bambolea,
en hombros de oprimidos,
que no buscan escaleras.
Llora, llora, Madre mía
sagrada, hija de Eva
que la costilla de Adán,
la quieren con lustre y nueva.
Huye, Huye, Padre mío,
que la luna te acecha,
con manto de piel humana,
y manos de dagas cruentas.
Hijo suyo, hermano mío,
de tu amor hicieron guerra,
de tu iglesia catedral,
se alejaron de tu vera.
Los callejones retumban,
de asesinos repletas,
viendo el muerto desfilar,
en sepulcro de madera.
Las negras mantillas lloran,
los sordos niños juegan,
Dios ha muerto,
y el Domingo seguirá la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario