Necesito escapar del ruido,
que trastoca mis caos,
simplemente ser,9 golondrina
que esquiva las corrientes.
Ruido del silencio,
de la urbe infestada,
con blancas palomas,
tiznadas de gris.
Ruido insoportable,
que hoy en mis entrañas estalla,
cárceles de motor,
que crean cárceles de nada.
Mas blanco parece hoy el cementerio,
que las rosas que lo adornan
bajo pálido y oscuro cielo,
de cipreses que guardan nidos muertos.
Plástico que engulle al muñeco,
que ni el azahar siente,
solo atento al silbido de un pájaro,
por ondas, creado,
que lo convirtieron en títere.
Los gorriones picotean,
un condón usado de suelo,
para regresar a la caja de tabaco,
donde su hogar, construyeron.
Hombres mancos de hombres,
cercenado su pensar,
ayer por alteres y hambre,
hoy por apatía y electricidad.
El horizonte anochece encapotado,
entre álamos secos,
y río turbio.
Vestigiales quedaron los abrazos
de pintores y poetas,
ya no cantan los pájaros,
confundidos por el ruido,
que el hombre creo para ser libre,
y que en inalterable prisión,
se ha, irónicamente, convertido.
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